CRÍTICA: JIGSAW (2017)

Han pasado 7 años desde que Kevin Greutert cerrara con la decepcionante Saw 3D: The Final Chapter una de las sagas más exitosas de la historia reciente del terror. Los pocos aciertos de esa séptima entrega se concentraron en el tramo final de la misma, pareciendo estar más enfocados hacia un inexistente futuro que a un digno cierre. La noticia de una nueva entrega, que desmintiera el subtítulo de su predecesora, alentaba la posibilidad de que la saga recuperara parte de la dignidad perdida, sin embargo, Jigsaw se ha decantado por convertirse en un anodino reinicio, desaprovechando las posibilidades abiertas durante el tramo final de su predecesora a la vez que omite en la medida de lo posible el pasado de la saga.

Los hermanos Spierig toman las riendas con un currículo brillante y un prometedor futuro, no obstante, su aportación parece quedar reducida en exclusiva al apartado visual. Jigsaw se deshace del montaje frenético y el formato serie B característicos de la saga, dando paso a una fotografía más limpia que permite aprovechar mejor las peculiaridades de cada escenario. Las trampas se han actualizado a los nuevos tiempos, reduciendo el nivel de gore en un ineficaz intento de recuperar los orígenes de la franquicia, fallando a la hora de buscar la tensión en detrimento de la casquería.

Los inconvenientes más llamativos derivan de en un extraño guion, temeroso de adentrarse en la mitología de la saga, pero demasiado insustancial como para crear nuevos iconos, impidiendo al espectador interesarse por una trama que presenta sospechosas similitudes con lo visto en Saw V. La cinta emplea una de las herramientas narrativas clásicas de la saga para confundir al espectador, desvelando sus verdaderas intenciones en un tramo final tan confuso como insatisfactorio.

Matt Passmore es el encargado de cargar con el peso de la historia, ofreciendo una interpretación acorde a lo esperado en este tipo de producción, pero sin lograr hacernos olvidar al bueno de Costas Mandylor. Tobin Bell continuando siendo el reclamo principal, pero su personaje parece haber perdido ese encanto que antaño nos enamoró. Entre el insustancial reparto de secundarios solo merece la pena destacar a Hannah Anderson, dando vida al único personaje que estaría encantado de continuar conociendo en una hipotética secuela.

Jigsaw falla estrepitosamente como continuación, funcionando únicamente cuando se disfraza como aparente reinicio de una saga con graves síntomas de agotamiento en sus últimas entregas. La gran mayoría de nuevos personajes y trampas no están a la altura del legado de la franquicia, sin embargo, se agradece el intento por recuperar la dignidad perdida. Mejor que Saw 3D: The Final Chapter pero sin lograr si quiera superar a la decepcionante Saw V.

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